San Luis María Grignon de Montfort (1673-1716) es uno de los pocos santos - si no el único - que miran hacia el futuro de la Iglesia. Ningún otro, ni antes ni después, ha hablado de los apóstoles de los últimos tiempos que prepararán el retorno glorioso de Jesús sosteniendo la última batalla apocalíptica que predecerá la llegada del Reino que Jesús nos hace pedir en el Padre Nuestro.

En nuestro libro Los Apóstoles de los últimos tiempos en Montfort y en nuestros días profundizamos en éste argumento volviendo a leer los escritos de Montfort a la luz de la Escritura en las partes que tratan los últimos tiempos, cotejándolos con el suceso de Fátima y con las enseñanzas de Juan Pablo II, el mas ilustre puntero eclesiástico de la consagración a Cristo mediante María consagración a la que se refiere Montfort.

De tales reflexiones brotaron algunas interrogantes maravillosas y al mismo tiempo inquiestantes:

- María “aplastará la cabeza del diablo y hará triunfar a Jesucristo” por medio de su talón, que son sus humildes esclavos y sus pobres hijos”.El término que utiliza Montfort es “enfant”, que puede traducirse como "hijo" y “niño”. ¿Se refieren a los niños entre éstos “apóstoles de los últimos tiempos”?

- Estos que estamos viviendo ¿Son los últimos tiempos a los cuales se refiere Montfort en su “Tratado de Verdadera Devoción”, cuando habla de las "crueles persecuciones del diablo"?

- Según Montfort al final de los tiempo habrá un regreso con potencia de Jesús en un “diluvio de fuego” de Espíritu Santo que transformará interiormente a la humanidad (PI 16); al mismo tiempo el habla de otro fuego “que reducirá a cenizas toda la tierra” (PI 17); se trata de dos manifestaciones subsiguientes, ¿una que construye el espíritu y otra que destruye la materia? O se trata de una nueva venida que desintegrará definitivamente la tierra, como algunos teólogos sostienen? O todo se resumirá en una intervensión de Misericordia, que no destruya la tierra, sino que la regenere realizando: “Cielos nuevos y tierras nuevas”. (is 65, 17, 2; Pt 3,13)?

A la luz del evento de Fátima, de pensamiento de Juan Pablo II y de las palabras de San Pío de Pietrelcina (“Los niños salvarán al mundo) pensamos que entre los apóstoles de los últimos tiempos por derecho se encuentran los niños con su incondicional ofrecimiento de sí mismo (Madre te doy mi corazón y mi voluntad, salva a la humanidad) y con la oración del Rosario.
Su acción será determinante para que todo se concluya con una intervención maravillosa de Misericordia.

 

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