Fátima y los niños – Introducción

Muy queridos niños,

Existen muchos libros, películas o páginas web que hablan de Fátima, pero en ellos, lo que sucedió a los tres pastorcillos, está narrado generalmente como un hermoso cuento de hadas, lejano en el tiempo, y que no tiene mucho que ver con ustedes y con la realidad de hoy, además de no profundizar en su significado espiritual.

En cambio, las apariciones de Fátima son una estupenda realidad que no solo concierne a Lucía, Francisco y Jacinta sino a todos los niños del mundo, y en particular a ti, pequeño lector, que tienes que continuar viviendo en tu mundo el mensaje de Amor de la Mamá del Cielo.

Efectivamente, la Virgen, no teniendo más confianza en los “grandes”, se dirige a los “pequeños” de todos los tiempos y de cada nación, y los invita a darse a Ella y a rezar el Rosario para resolver las cosas más importantes del mundo. Los invita a rezar para que terminen las guerras y la violencia; para que todos los hombres se vuelvan buenos y se amen: para que venga finalmente la Paz universal.

En este libro están relatadas al pie de la letra las palabras de las apariciones. El breve comentario tiene el fin de penetrar en lo vivo del mensaje de Fátima, que la Mamá del Cielo ha dirigido también a ustedes, niños, con claridad y realismo. 

Antes que nada, sepan que la Virgen no los trata como niños capaces solo de jugar, sino que quiere establecer con ustedes una relación verdadera y profunda, como se hace con las personas grandes y serias.

Para nuestra Mamá del Cielo las personas más importantes del mundo son ustedes, no importa si son ricos o pobres, si son bellos o solo graciosos. Ella los estima porque todavía tienen aquellas virtudes que hacen al hombre verdaderamente digno de estimación: la inocencia, la lealtad y la generosidad.

Ella se acerca a ustedes y – con el máximo respeto a su libertad – los invita a consagrarse al Papá del Cielo, es decir a darse a Él, y a rezar cada día el Rosario por la paz en el mundo, para volver buenos a todos los hombres y para consolar el Corazón de Dios Padre, ofendido por los pecados. 

Viene para pedir su ayuda para establecer en el mundo una “era de Paz”, es decir, un tiempo larguísimo en el cual los hombres se darán cuenta de la propia dignidad y se amarán, amarán a Dios como al propio Padre y Creador, y a María como a la más dulce de las madres. Habrá finalmente una sola familia, sin divisiones por causa del color de la piel o de las diferencias de idiomas y de cultura.
Para estas cosas inmensas Ella viene para pedir la ayuda de los niños: su ayuda. ¿Quieren ayudar a la Mamá del Cielo?

Si están dispuestos a dar su “SI”, como los tres pastorcillos de Fátima, tienen que hacer dos cosas:

1° – Consagrarse al Papá del Cielo, es decir, darse a Él con libre y plena voluntad. Para esto será suficiente que le digan, con toda el alma: – ¡Papá, me doy a ti!
Con esta oracioncita ustedes se dan para siempre a Él. A cambio de este “regalo” de ustedes Él se empeñará en salvar a todos los hombres.

2° – Además, tienen que rezar el Rosario cada día, y preocuparse para que también otros amigos suyos lo recen. Formarán de este modo los “Nidos de Oración”, es decir, grupos de niños que se reúnen cada día, o por lo menos una vez a la semana, para rezar juntos el Rosario, en donde sea posible: en la iglesia, en la casa de alguno de ustedes, en los hospitales donde se encuentran los niños enfermos, en la calle, en la escuela, durante un paseo, en las pausas de los juegos…

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Queridos niños míos, leyendo poco a poco estas páginas comprenderán mejor lo que estamos diciendo: la Virgen solo necesita niños que sepan amar con todo el corazón, donándose a Ella para el bien de los hermanos.

 

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